Si pensamos en el portátil como una ventana, y no como un armario, ahorramos peso y ganamos batería.

Hace solo cinco años, la unidad de medida era el mega; ahora, casi todos pensamos en gigas, y el futuro se pinta en terabytes. El precio de la memoria se ha desplomado, y ahora sale baratísimo tener un disco duro colosal. Pero ¿merece la pena? Los discos duros giran, y eso consume batería, mucha batería. Cada vez se venden menos ordenadores de sobremesa; en cambio, compramos más portátiles. Máquinas poderosísimas que cojean por el lado de la autonomía: es una cuestión física, con tanta memoria que mover, el tiempo de vida entre cargas se resiente. Por eso está irrumpiendo en el mercado una nueva generación de portátiles que no sigue el patrón habitual. En resumen, no tienen disco duro. El ejemplo más popular es el flamante Mac Bookair (Apple), un ordenador ligerísimo, finísimo y con una memoria diferente: en sus tripas nada gira, ya que, en su versión más cara, lo que guarda los datos es una memoria similar a la del móvil y las tarjetas de las cámaras. El invento se llama disco SSD y no lo ha inventado Apple, pero logrará hacerlo muy popular. La primera ventaja es evidente: si bien no tiene demasiados gigas de capacidad, este almacenamiento garantiza que la batería dure muchísimo más. Pero sin duda es el Asus Eee Pc el que mejor resume esta nueva tendencia. Su disco SSD apenas sí puede guardar 4 u 8 gigas. Una miseria, si pensamos en el ordenador como almacén, pero una ventaja si enfocamos su uso pegado a internet: el PC es solamente una puerta hacia la red, el verdadero baúl de nuestros contenidos.Llevarlos encima es pesado, y en internet podemos guardar fotos, compartir nuestra agenda, mantener los contenidos al día y, sobre todo, acceder a ellos desde cualquier chisme y en cualquier momento. Estamos inaugurando una era: la de vivir sin disco duro y disfrutar de nuestra memoria siempre y en el lugar que sea.


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